Existen cuadros que, por la amorosa maestría del pintor al realizarlos, tienen una vida
escondida, un constante latido entre las armonías o los contrastes de sus coloraciones.
En los cuadros de Miguel Reche, en la distancia humana de la luz interior, brotan
los colores, hechos de pensamientos y de sentimientos, en una vibrante y deslumbrante
eclosión primigénia del tiempo detenido. El pintor siempre detiene el tiempo, privilegio del
artista.
Pintar el momento del eterno juego, de luces y sombras, de los colores es atrapar el
latido de la naturaleza, del paisaje que se está contemplando.
Éste es el primer misterio creativo del pintor. Taumaturgia de los artistas como Miguel
Reche que, con una sabia pincelada eternizan el íntimo latido del paisaje.
El colorido jugoso, denso, casi orgánico que tienen los cuadros de Miguel Reche,
con toda la ingenuidad sensualista de los puros de espíritu, es el testimonio de una osada
interpretación luminosa de la materia, del ambiente. El aire alcanza el color del alma, del
amor.
Conozco, desde hace muchos años la obra pictórica de Miguel Reche y si tuviera que
defnirla con una sola palabra, diría que es obra del amor. Del amor que Miguel Reche siente
por el arte y por la naturaleza. Ya no se puede ser más empírico sin renunciar, reserva secreta
de toda persona, al gozo existencial de las hadas y de las maravillas.
Y son maravillas cromáticas, latidos constantes del pintor cuando, desde el inconciente-
consciente, clarividente, absorbe, analiza, siente y vive con pasión lo que pinta. El razonamiento,
como una fase discursiva de su pintura, se produce en la segunda mirada, cuando acecha el
panorama que quiere pintar.
Pintar con arte, como hace Miguel Reche, no es únicamente manejar con soltura el
conocimiento de la técnica pictórica y el dominio de los recursos profesionales.
Pintar es mirar y volver a mirar, y contemplar, y enamorarse cromáticamente de formas que la
luz, embrujadora, le ofrece.
Pintar es sentir en la propia consciencia, como una placentera desazón, lo que los
asombrados ojos observan.
No es el pintor, es la emoción que pinta con todo su impulsivo atrevimiento, con acertadas
armonías tonales y algún desacertado matiz colorístico que, con su defectuoso efecto, no hace
más que proporcionar, por contraste, la vena humana, el arrebatamiento artístico del autor. Las
sílabas hacen el poema pero no son el poema.
Son una ofrenda de frescor los cuadros de Miguel Reche. El frescor, nitidez y sensibilidad
de una obra pictórica, paisaje o fgura, está en la calculada espontaneidad de su realización.
No en estratégicos toques de llamativos colores. El frescor, como los misterios del alma, están
dentro del cuadro.
La montaña soberbia y altiva, sensatamente ébria de altivos aires y de coloraciones
evanescentes, limita el horizonte. Y se ensancha el horizonte en la mar.
Nuestra mar luminosa y azul y verde y morada, nuestra mar adormecida en las calas, la
misma que, con su rumor acompañó el amor y la guerra de los héroes griegos. Esta mar densa
y sensual es en los cuadros de Miguel Reche, con sus colores cambiantes y su murmullo, casi
silencioso, es eterna.
Nace y muere en cada momento. En cada cuadro de Miguel Reche. En pintura existen
hechizos que no se explican.
Al observar detenidamente la obra pictórica de Miguel Reche creo que se puede apreciar
una suerte de desafío de Miguel Reche consigo mismo.
Es el reto que todo pintor de raza experimenta a lo largo de su vida profesional. Es
el afán, noble y estimulante de la superación. Cada serie de cuadros, cada época de su
quehacer, para Miguel Reche, ha de ser, sensiblemente, por ofcio y por sentimiento y por la
propia estima, superior a la obra anterior.
Tarea difícil ésta, en el caso de Miguel Reche, pues ya ha conseguido grados de
maestro, pero la certeza emocional de vivir, en el momento de pintar, como la luz de las hadas
o de las sirenas, le proporciona nuevos caminos para autorealizarse.
Y eso es pintar, conservar el latido en los cuadros, ser con el entendimiento fel al
sentimiento de la pintura. Y eso es lo que hace Miguel Reche, un hombre de Almería, hecho
en Barcelona y enamorado de Mallorca, aquí vive y pinta. Con su mirada mitad realista mitad
soñadora, Miguel Reche, es un hombre, un pintor de puro latido mediterráneo.
El colorido luminoso, a veces casi insolente, la sensualidad tendida bajo la luz que todo
lo descubre. Miguel Reche descubre mil almas al descubrir la suya en el cuadro que pinta.
Josep M. Cadena Crítico de arte
El Periódico de Barcelona
Alta espiritualidad en los paisajes de Miguel Reche
Trabajo constante y exposiciones siempre bien acogidas
en España, Europa, Estados Unidos y Canadá, pone de manifiesto que le pintor no sólo se mantiene
fiel a su verdad, primera sino que ha afinado los sentidos para cumplir mejor con ella.
Los paisajes mallorquines de Miguel Reche son,
fundamentalmente, una explosión de luz y color. Son un canto a la vida, a
la vitalidad y el dinamismo, con una luminosidad espléndida en sus marinas
expresionistas. En esta exposición abundan los ambientes idílicos,
calmados y serenos, que resultan ser un gozo para la vista.
Luminoso porque con el color refleja lo que ve, sino también, porque siente lo que
representa cada lugar por sí mismo y se pone al servicio de la Naturaleza en todo lo
que la misma exalta la vida como algo que, si bien tuvo principio, que nada sería sin
el espíritu que le viene a través de la luz. Establece la solidez de lo que nos resulta
común e incluso habitual -me refiero en lo que hemos dato en llamar paisajes y marinas,
temas pictóricos que le son muy queridos-, pero con la lograda voluntad de transmitir
nobles sensaciones.
Ante los cuadros de Miguel Reche todos aprendemos a ser mejores, ya que en las serenas
bellezas plásticas que describe hay un sentido de alta y sostenida espiritualidad.
Leticia Martín Ruiz Crítica de arte
El Punto de las Artes 26 de Octubre 2001
MALLORCA POR MIGUEL RECHE
Miguel Reche nos
acerca en esta ocasión a los rincones de esta isla del Mediterráneo que le
vio nacer y que, seguro, influyó en su manera de mirar al mundo y a la
pintura.
Sus trabajos son óleos cargados de pintura con gruesas pinceladas que
construyen, una junto a otra, las imágenes que el artista desea
mostrarnos. Cuadros inmensos en la fuerte luz que caracteriza a esas islas
y a todo el Mediterráneo en general.
En su paleta cromática parece no tener cabida el negro, consigue los
contrastes, como sus antecesores los Impresionistas y Postimpresionistas,
por la yuxtaposición de colores complementarios. Pero no pretende darnos
una imagen totalmente fidedigna que nuestra retina complete; la fuerza de
la pincelada antes aludida hace que lo que veamos sea pintura y que esa
sea su mayor pretensión. Nos imaginamos al artista trabajando sobre su
lienzo, complementando sus detalles y sus efectos sin preocuparse si ese
reflejo aparece realmente en el agua o en las tierras junto al mar.
Rincones de la isla, calas, playas, acantilados, ellos son los grandes
protagonistas. En ellos juega un papel igual de importante el azul del
cielo y el mar, los ocres de la arena y una gama de verdes que el artista
domina con especial sensibilidad y que me parece que tienen el tratamiento
más interesante.
Junto a esto el mundo de los pescadores. Las tradiciones de la gente de
la isla, pueblos y puertos que el artista muestra todavía a salvo del
turismo masivo y de la invasión alemana. Casas blancas tradicionales y
pequeñas barcas, silenciosas y tranquilas amarradas en los pequeños
muelles.
No solemos tener la ocasión de contemplar la obra de este artista en
Madrid, de hecho esta es la segunda vez que atraca en el puerto de la
capital, aunque ya es todo un veterano que ha llevado sus lienzos por
diferentes puntos tanto de la Península como de las Islas y diferentes
países de Europa.
Joan Pla, Escritor
El Mundo (Baleares)
Reche y el Mediterráneo o el Mediterráneo y Reche
Algunos críticos de sobrada solvencia han afirmado que Reche pertenece
a la escuela de los Impresionistas y Postimpresionistas, en virtud de su técnica y estilo,
donde son fundamentales la luz y el color, así como la fuerza expresiva de sus contrastes o,
mejor dicho, de su dominio del claroscuro tradicional y académico que aprendió de los grandes
clásicos. Por otra parte, también hay críticos que opinan que la obra de Reche se incluye en lo
que se ha dado en llamar "realismo objetivo", que no es otra cosa que reproducir o recrear como
naturaleza, mediante el dibujo y la pintura, lo que el artista capta por los sentidos en su mente.
Dicho con más claridad: el realismo objetivo consiste en dibujar y en pitar lo que vemos, tal
y como lo vemos.
Sin embargo, no es tan fácil como parece eso de dibujar las cosas tal y como las vemos y más
de uno ha caído en el engaño de creer que algunos genios de la pintura, como Dalí, Picasso o Kandinsky,
por citar sólo a tres de los mejores, veían las cosas como las pintaban, cuando lo que sucedía en
realidad es que no las pintaban como las veían.
Además, tampoco es cierto, a mi juicio, que los grandes hiperrealistas de nuestro tiempo, como son
el extremeño Naranjo o el manchego Antonio López, pinten sus cuadros imitando fotográficamente
hasta el más ínfimo detalle de la naturaleza. Creo que lo peor que se le puede decir a un pintor es
eso de que mucha gente, al contemplar un cuadro realista, más por ignorancia que por mala intención,
dice: "¡Qué bonito, parece una fotografía!".
Digo esto, porque la pintura de Reche ha superado ya ese grado elemental de comercialidad y de
forzado realismo que caracteriza al pintor primerizo y ha entrado con paso firme o, mejor dicho,
con pincelada suelta y resuelta en el fascinante mundo del expresionismo.
Miguel Reche, aquel niño que nació y creció para ser artista en el ambiente rural y familiar de
una aldea de Almería, es hoy, según puede verse y confirmarse por los cuadros que ahora aquí expone,
un auténtico maestro del expresionismo.
Ante la veraz y reiterada afirmación de quienes aseguran que la luz y el color del Mediterráneo
marcan su huella en la obra de Miguel Reche, me permito yo opinar que es la pintura de
Reche la que ilumina el Mediterráneo.
Juan Bautista Beltrán Poeta y escritor
En Miguel Reche el color tiene tal calidad
sustantiva que, transmirando en sus paisajes hasta la saturación,
podríamos decir que lo convierte en su esencia, en su alma misma.
Reche es un pintor radical. Su sentimiento cromático es en él tan
vivo, insistimos, que arranca de él para ver las cosas, para
interpretarlas y devolver las, hechas arte.
Galería Toisón, Madrid
Diario Expansión/Arte 19 Octubre 2001
Los paisajes mallorquines de Miguel Reche son,
fundamentalmente, una explosión de luz y color. Son un canto a la vida, a
la vitalidad y el dinamismo, con una luminosidad espléndida en sus marinas
expresionistas. En esta exposición abundan los ambientes idílicos,
calmados y serenos, que resultan ser un gozo para la vista.
Galería Bradtke Luxemburgo
"Le Republicain Lorrain" y "France Journal" Luxemburgo
"Pintura aseguradora", se ha dicho de la del
artista. Es algo de esto: el ornato está sólidamente amarrado, tal las
barcas del puerto que a menudo sirvieron de modelo a Reche. Colores
sólidos, puros, que se fijan sobre la tela con intensidad y hablan de la
emoción del artista ante este mundo cotidiano de dimensiones de cuento de
hadas. Obra alegre, exuberante, luminosa como los objetos de toma. La
exposición de Miguel Reche, la tercera en el Gran Ducado, debe visitarse,
es testimonio de un fuerte temperamento y de búsquedas interesantes de
este joven artista.
Fernando Gutiérrez Crítico de Arte
La Vanguardia (Barcelona)
La pintura de este artista se ha caracterizado
siempre por su espontaneidad y su sentido del color. La pincelada suelta y
segura que se dispara una veces pero que otras sabe contenerse en el justo
limite, imprime a sus lienzos esa armonía de intensidades que es su
principal característica. La viveza del color se une al vivo ritmo de la
pincelada sugiriendo una atmósfera nítida y transparente de sereno
lirismo.
Ramón Casalé Asociación Internacional de Críticos de Arte
Miguel Reche. La irradiación del color
En la obra de Miguel Reche se pueden apreciar a primera vista dos aspectos que considero
esenciales a nivel pictórico, me refiero a la luz y al color.
Es evidente que representar un paisaje, en este caso mediterráneo, permite al artista
un sinfín de posibilidades creativas, que no encuentra habitualmente en otros lugares, ya
que tanto la luminosidad que aparece delante de sus ojos como la diversidad cromática que origina,
producen unos efectos extraordinarios.
Rafael Perelló-Paradelo Crítico de Arte
"Última Hora" Mallorca
Reche sabe dejar formas y volúmenes en
brevísima y sistematica indicación, pero también sabe sujetarse, sin
detrimento de su espíritu creativo, a las exigencias de un buen dibujo.
Son obras, pues que comprenden luz, alegría y dinamismo; son cuadros de
optimista policromía, realizados con verdadero espíritu de recreación...
Jose Mascaró Passaris Crítico de Arte
Diario Baleares - Mallorca
Temas urbanos, paisajes y marinas, vistos con
pupila de azor, y llevados al lienzo con la dignidad y la creatividad de
un pintor comprometido con el arte y con su estilo. Miguel Reche se recrea
en la pincelada larga, en el toque de luz, en el esplendor cromático que
adquiere, especialmente en sus marinas toda la grandeza de lo bello y
trascendente.